No seremos comprados ni amedrentados

No hay ninguna crisis en Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación que sea responsabilidad de los estudiantes. ¿Qué es efectivamente la crisis institucional?

Crisis institucional es que de los 107 cursos que se ofrecen en Facultad este semestre, sólo 6 estén duplicados (5,5% del total).[1] Más de un 60% de los estudiantes de Humanidades trabajamos además de estudiar, y tenemos que lidiar con los horarios que nos exigen estar todo el día en Facultad para cursar en orden las asignaturas.

Crisis institucional es que se hayan cambiado los planes de estudio de las licenciaturas sin oír los planteos de todo el orden estudiantil tanto en el Claustro como en el Consejo de Facultad. Y se cambió para mal, para empobrecer, para reducir, para convertir los conocimientos de nuestras carreras en una unidad de medida: los créditos.

Crisis institucional es la que atravesamos cuando las nuevas generaciones de estudiantes, al no tener en su currícula las materias correspondientes al Semestre Básico Común, no conozcan la Ley Orgánica, el Manifiesto de Córdoba, el Cogobierno, la historia de la Universidad, las tradiciones de pensamiento crítico de Nuestra Facultad, y no tengan las herramientas para defender la Universidad Pública. Tampoco se les da una perspectiva general de cuáles son las herramientas metodológicas y heurísticas de investigación en las diferentes disciplinas que cultivamos en Humanidades. ¿Qué creerán nuestros compañeros nuevos que nos diferencia de la Universidad Católica por ejemplo?

Crisis institucional es que se desarmara la única oferta de Opción Docencia en la Universidad de la República, reduciéndola a asignaturas dispersas, y no se pondere el título que damos en Nuestra Facultad por encima del de las instituciones fuera de la Universidad de la República.

Crisis institucional genera la propuesta de poner un plazo de caducidad para los cursos ganados. Siendo esta una Facultad sin turnos, hará que muchos estudiantes se sientan expulsados o deban recursar. No existe ninguna fundamentación pedagógica para sustentar esta iniciativa.

Crisis institucional es que se haya financiado una sola generación de la Tecnicatura Universitaria en Museología, y muchos compañeros no puedan seguir la carrera porque les falta alguna materia específica de la TUM que la Facultad no ofrece más.

Los asistentes académicos son como los ministros del Decano y aplican su política. Por otro lado, se necesita del voto de los estudiantes para su designación; no es por concurso, es un cargo de confianza.

Crisis institucional es que durante los cuatro años de su primer Decanato, Álvaro Rico decidió no tener que discutir la política académica con el orden estudiantil[2], por lo que en vez de designar asistentes académicos, inventó la figura del “colaborador del Decano”, para saltearse el voto necesario de los estudiantes. Pero como tuvo que financiar esos cargos con los fondos para asistentes académicos, el Tribunal de Cuentas de la República observó el año pasado ese gasto por ser ilegal[3].

Crisis institucional es que, ahora, luego de años de sordera ante los reclamos estudiantiles, les exige a los consejeros que le voten los asistentes académicos. Primero intentó comprarnos con cargos, pero como nuestra Agrupación no está en venta, nos amenaza y responsabiliza de una supuesta paralización institucional[4].

Uno de los aspectos más graves de la crisis institucional es el ambiente de persecución en el orden docente hacia quien se oponga a las ideas y ambiciones políticas del señor Decano.

Tenemos un Decano que pasó los cuatro años de su primer período haciendo los favores necesarios para ser el candidato continuador del anterior rector, en vez de defender a su Facultad y sus estudiantes; y perdió. Esa derrota se traduce en gran medida en el estado de ánimo actual del Decano para encarar los desafíos reales de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, que han sido hasta ahora, postergados por otra agenda.

Crisis institucional es que como representante de la Facultad en la Universidad, no disputó el presupuesto y la plantilla docente de Humanidades no creció. Esto lo llevó a proponer una “reestructura docente”, que consistía en quitarle cargos docentes a algunos institutos para pasarlos a otros, en vez de luchar por fortalecer todas las disciplinas. Incluso luego de ser rechazada por todos los órdenes, esta propuesta de reparto de la miseria aún sobrevuela de vez en cuando en las discusiones del Consejo de boca del Decano.

La superación de la situación actual sólo es posible con más cargos docentes, más funcionarios, en fin, con más Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Esta política sólo es posible con un decanato que apueste a la defensa de la misma, y no utilizando el mismo para aventuras rectorales o para conseguir cargos en el gobierno nacional.

El nuevo rumbo de la facultad se construye entre todos los ordenes, superando  la estigmatización  que se hace sobre el orden estudiantil.

[1] Informe de la Sección de Administración de la Enseñanza. FHCE. Consejo de Facultad del 8 de abril de 2015. Distribuido 215.15.

[2]Según sus propias declaraciones en el Consejo de Facultad del día 8 de abril de 2015.

[3]Respuesta del Tribunal de Cuentas. Consejo de Facultad del 11 de diciembre de 2014, distribuido 1404.14.

[4]Comunicado del Decano del 26 de marzo de 2015.