A propósito de la Licenciatura en Educación

Lucha contra cupos y cuentos de flexibilización

Además de la disminución de la carga horaria por materia- cuestión que impulsó a nivel general la última reforma de Facultad-, con el Plan 2014 la Licenciatura en Ciencias de la Educación sufrió varios cambios significativos; dos de ellos fueron su división en distintas “áreas de conocimiento” y el cambio de nombre a “Educación” (a secas).

Debido a dicha fragmentación, en el quinto semestre del nuevo Plan uno debe elegir un “área de conocimiento” (es decir, determinado grupo de disciplinas) en el cual especializarse. Éstas son llamadas “Pedagogía, Política y Sociedad”,  “Historia y Filosofía de la Educación” y “Enseñanza y Aprendizaje”.

Con el discurso de la “flexibilización” y el “dinamismo”, los docentes recortaron el Plan 1991, y ese recorte trajo consigo la necesidad de acumular 130 créditos en materias optativas y electivas. 130 créditos significa exactamente un tercio de la carrera (un tercio menos de carrera), un tercio que se les niega a los estudiantes y que debe ser buscado en otras carreras.

¿Por qué decimos que los docentes fueron quienes recortaron? Porque el Orden Estudiantil no participó en la construcción del Plan de Estudios, y su aprobación fue una instancia más en la que se le dio la espalda a los estudiantes, quienes reiteradamente hablaron sin ser escuchados.

Cabe destacar que la amplia mayoría de los estudiantes (generación  2013 y anteriores) decidieron seguir cursando el Plan de Estudios 1991.

Como si fuera poco, en marzo de 2014 empezaron a dictarse las materias (ahora “unidades curriculares”) de la reforma, sin haber sido ésta aprobada en el CDC de la Universidad. Estaban tan apurados en implementarla que ni siquiera respetaron las etapas reglamentadas de aprobación.

De esta manera, la generación 2014, inscripta en el Plan 91, cursaba el Plan 2014; en ese sentido, su inscripción era un gran problema para los docentes, ya que los estudiantes de la nueva generación tenían que aceptar cambiarse de Plan. Así comenzó el circo.

En clase, en el interior de cada aula, los docentes vendían la reforma. Castigaban al viejo Plan argumentando que, justamente, era demasiado viejo. Cierto es que el Orden Estudiantil nunca negó eso, pues era evidente que debía darse una reforma, pero esa necesidad no podía significar aceptar cualquier reforma por nueva que fuera, y menos una que no sea construida colectivamente.

Lamentablemente, en la venta, las estrategias de marketing transgredieron el límite de la realidad, y se hicieron promesas sin ningún soporte verídico. El Plan 2014 era maravilloso, era lo que todos estaban esperando; no tenía previaturas y permitía “hacer un camino propio”, ya que habilitaba a formarse en cualquier cosa (desde Sociología de la Educación hasta el estudio de la luz).

Este año la generación 2014 cursó su quinto semestre, y una de sus “unidades curriculares”, Taller de Iniciación al Trabajo Académico II, terminó de sacarle la careta a las falsas promesas de la maravillosa reforma.

La propuesta de Taller de Iniciación al Trabajo Académico II, es estudiar todas las líneas de investigación de todos los Departamentos del Instituto de Educación para que el estudiante entienda con claridad a qué se dedica cada Departamento y así sepa qué área elegir, ya que en el sexto semestre comienza a cursar su Taller específico.

El Plan de Estudios 2014 prevé para el sexto semestre las siguientes “unidades” según el área elegida: Taller de Investigación en Educación, Política y Sociedad I, Taller de Investigación en Historia y Filosofía de la Educación I y Taller de Investigación en Enseñanza y Aprendizaje I.

Hace un par de meses nos enteramos de que dichos talleres específicos no existen. Finalizando mayo de 2016 no existía ningún programa ni docente preparado para dictar esas asignaturas; no había propuestas sobre los objetivos de los cursos, el perfil de egreso, la bibliografía ni las formas de evaluación.

En dos meses la generación 2014 tenía que cursar esos Talleres y la única opción que se manejaba era que los estudiantes eligiesen (en Taller de Iniciación al Trabajo Académico II) no solo un área específica, sino una línea de investigación (dentro del Departamento elegido) en la cual inscribirse. En el sexto semestre, entonces, el estudiante estaría inscripto en una asignatura que no tendría un horario fijo ni un espacio físico determinado, ya que su trabajo sería aportar a la línea de investigación de un docente. Es decir, estudiar lo que al docente le interesa estudiar.

Pero esto no es todo; los docentes pretendían que los estudiantes de Educación se dividan equitativamente por Departamento, lo que era, desde luego, una insensatez, ya que desde el comienzo de la reforma no se han promovido todos los Departamentos por igual.

Los cursos de Enseñanza y Aprendizaje siempre han sido postergados. Según el Plan de Estudios éstos comienzan en el segundo semestre (mientras que los de los otros dos arrancan desde el primero), pero como si fuera poco, son atrasados uno o dos  semestres más. Los únicos cursos que no se ofrecen en tiempo y forma son los de Enseñanza y Aprendizaje.

Como era predecible, casi nadie quería elegir ese Departamento, y la mayoría quería elegir Pedagogía, Política y Sociedad (Departamento al que se le da especial prioridad, razón por la cual volveremos a hablar sobre él más adelante).

¿Cuál era la solución que ofrecían los docentes a esa desigualdad? Cupos.

Sí, cupos. Cupos en Humanidades. Cupos y prueba de ingreso.

Para determinar quién se queda con los cupos y quién no, habría que realizar una prueba que sería evaluada por los docentes del Departamento elegido, quienes arbitrariamente decidirían si “aceptarlos” en su línea de investigación. Esta prueba se planteaba como el informe final de Taller de Iniciación al Trabajo Académico II (forma de exonerar la asignatura).

Además de recortar contenido y determinar que los estudiantes se especialicen solo en un área de investigación, estarían forzándolos a elegir una aunque no fuera la deseada. Se escudaban afirmando que no se  obligaría a nadie a cursar algo que no quisiera, pero ciertamente, al no permitir cursar lo que se desea porque se terminan los cupos, existen solo dos opciones: o inscribirse a otro Taller específico, o volver a intentar conseguir cupos al año siguiente (lo que les daría igual o menos posibilidades de conseguirlo, ya que la generación 2015 tiene más cantidad de estudiantes).

Aprovechando la escasez de estudiantes de la generación 2014, argumentaban que nadie se quedaría sin cupos y que sería “solo una formalidad”, pero sabemos que (afortunadamente) las nuevas generaciones son más grandes, y esa “formalidad” sí afectaría a los estudiantes.

La oposición a cualquier medida de cupos y pruebas de ingreso en la Universidad de la República es una posición histórica de la FEUU y de nuestro Centro de Estudiantes.

Los cupos son el siguiente paso de la reforma neoliberal, que ya invadió otras Facultades. A Humanidades ha llegado la creditización y el recorte, por lo cual, es necesaria una fuerte resistencia para no dejarla avanzar.

Los estudiantes organizados de Educación, a través de su Asamblea de Licenciatura, supieron anticiparse y generar presión para resistir el ataque. Declararon su repudio a la situación elevando una resolución al Consejo de Facultad, lo cual hizo que los docentes dieran un paso hacia atrás e intentaran calmar las aguas planteando que hubo malentendidos.

Ciertamente, si hoy podemos decir  que Humanidades sigue manteniéndose libre de cupos, es porque sus estudiantes se siguen organizando y siguen enfrentando la reforma con la mayor fuerza posible.

La razón por la que no se llevó a cabo una medida de semejantes características en nuestra propia casa de estudios fue que la Asamblea de Estudiantes de Educación no lo permitió.

No obstante, la salida que encontró el Orden Docente ante la presión del estudiantado tampoco fue beneficiosa para los estudiantes.

Se implementó un único Taller de investigación para todas las orientaciones (lo cual va en contra del Plan de Estudios que los propios docentes crearon).

Como si fuera poco, el curso, en vez de estar a cargo de tres docentes respectivos a cada Departamento, está a cargo de dos docentes del Departamento de Pedagogía, Política y Sociedad.

Al parecer, la Comisión Directiva del Instituto de Educación considera sensato que una socióloga y una antropóloga enseñen a investigar en Enseñanza y Aprendizaje y en Historia y Filosofía de la Educación.

Ahora bien, éste no es un hecho aislado. Introducción a la Investigación Educativa (curso de formación metodológica del quinto semestre del nuevo Plan) es una asignatura del núcleo común e introductorio de la carrera, es decir, que está enfocada a todos los estudiantes de la Licenciatura (no a los de una orientación determinada) y es por ello propedéutica para la elección de orientación. En dicho curso, la primera mitad del semestre se trabaja con metodología cuantitativa y la segunda con cualitativa; cabe destacar que lo que se trabaja es metodología sociológica, con algunos elementos de la antropología. No se ofrece ni siquiera escasa formación en técnicas de la investigación histórica ni en metodología de la investigación filosófica, como tampoco se le brinda al estudiante herramientas para la construcción de teoría de la enseñanza.

En estas condiciones el estudiante tiene que elegir un “área de conocimiento” en la cual  “profundizar”.

Hoy podemos constatar que no solo se prioriza el Depto. PPS en el tronco común, sino también en la rama de especialización. La educación del estudiante que elija cualquiera de las otras áreas será postergada y dada al libre albedrío que éste ejerza en su elección de optativas y electivas.

Se promueve (incluso desde el nuevo nombre de la Licenciatura, que elimina  a las Ciencias) la idea de que existe una “metodología educativa” y que la educación no es abordada mediante la utilización de métodos y técnicas propias de las Ciencias de la Educación (incluyendo históricamente en este conjunto a la Filosofía de la Educación), mientras lo que se hace es formar en metodología sociológica. Esto se hace especialmente evidente cuando en la Comisión de Carrera del Instituto los docentes plantean, por ejemplo, que un estudiante que llega de la Facultad de Ciencias Sociales pueda revalidar las asignaturas de formación metodológica del tronco común con las asignaturas de formación metodológica exoneradas en la Licenciatura en Sociología.

Los compañeros de Educación, organizados en su Asamblea de Licenciatura, evaluarán los cursos 2016 para exigir programas adecuados, que respondan a una educación democrática y de calidad.