Llamemos al imperialismo por su nombre

Documento presentado por la Agrupación de Estudiantes 21 de junio a la XVII Convención de la FEUU (noviembre de 2016).

 En conmemoración de los 100 años de la Publicación de “EL IMPERIALISMO, FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO”[1] reivindicamos su contenido científico y revolucionario criticando la teoría del “Capitalismo Dependiente” que se adapta a las tesis posmodernas de la globalización y el fin de los Estados Nacionales.

 I. LA CONTRADICCIÓN FUNDAMENTAL EN LA ÉPOCA DEL IMPERIALISMO.

Las tendencias mayoritarias del Movimiento Popular de nuestro país se adaptan para no enfrentar al sentido común de la globalización, con la teoría del Capitalismo Dependiente.

A pesar de su origen, hoy la teoría del Capitalismo Dependiente es funcional a las tesis posmodernas de la globalización y el fin del Estado-Nación.

La dependencia de las naciones oprimidas es un fenómeno producto de la época del Imperialismo, y el carácter de la dependencia es nacional, no de la Formación Económico-Social.

La teoría del “Capitalismo Dependiente” quita del centro del análisis de los revolucionarios del Tercer Mundo la contradicción fundamental que Lenin descubre en “EL IMPERIALISMO, FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO”.

Esta es la Contradicción Fundamental del Imperialismo: Países Opresores (imperialistas) y Países Oprimidos (dependientes), más allá de que los países oprimidos por el imperialismo tengan relaciones sociales predominantemente feudales, semi-feudales o capitalistas.

Los partidarios de dicha teoría confunden las categorías “modo de producción”, “formación económico social” – en la que coexisten varios modos de producción, siendo uno el predominante[2]– y “sistema imperialista mundial”, en el que existen países opresores y países oprimidos.

Los teóricos del Capitalismo Dependiente revisan la teoría clásica del Imperialismo al señalar que la dependencia -que es el carácter esencial de los países oprimidos- , es sólo un rasgo.

La teoría filosófica de Louis Althusser, plantea que si bien puede haber una contradicción principal, hay una sobredeterminación de la contradicción burguesía-proletariado en los procesos revolucionarios[3].

De allí que los defensores de la teoría del capitalismo dependiente señalen que la dependencia es un rasgo más, pero que lo fundamental es el carácter capitalista y que la contradicción burguesía-proletariado es la que se tensa cada vez que se agudiza la lucha de clases.

Por lo tanto, el elemento desencadenante, como diría Althusser, la contradicción que sobredeterminaba a la contradicción principal, es la contradicción burguesía-proletariado.

II. EL PAPEL DE LA BURGUESÍA NACIONAL.

Este problema lleva aparejada una segunda conclusión: que la Burguesía Nacional en bloque forma parte del enemigo. Por eso, ellos golpean a la burguesía en bloque. Deberíamos diferenciar a la burguesía intermediaria – es decir la subordinada al imperialismo, oligarquía- de la burguesía nacional, que es aquella en la que predominan las contradicciones con el imperialismo, y en cuyo seno un sector enfrenta al imperialismo.

Claro que la Burguesía Nacional tampoco participa en bloque en el frente de fuerzas revolucionarias. Ella puede jugar un papel importante en aquellos países en los que se ha producido su escisión de la burguesía intermediaria. El carácter político de la burguesía nacional es dual. Hay momentos en que predomina su aspecto contradictorio con el imperialismo, pero aún entonces esto es a medias, se detiene a mitad de camino, y siempre en determinado momento, como clase, va a traicionar marchando hacia la contrarrevolución. De modo que siempre hay que ver qué predomina, su aspecto antiimperialista o su aspecto conciliador con el imperialismo, dependiendo esto de circunstancias políticas concretas.

Es decir que la segunda consecuencia de la teoría del capitalismo dependiente es el golpe a la burguesía nacional en bloque junto a la burguesía intermediaria pro-imperialista (oligarquía).

Los teóricos del capitalismo dependiente no consideran, como nosotros, que puede ganarse a un sector de la burguesía nacional para tratar de neutralizarla en bloque, como clase.

La Historia nos ha enseñado que hay un sector de la burguesía nacional que inexorablemente se une a los enemigos del pueblo, otro que se va a oponer a los mismos, y hay otro sector muy grande que puede y debe ser neutralizado durante un periodo revolucionario.

Por lo tanto, al decir que tomada en bloque la burguesía nacional debe ser neutralizada, le estamos dando un trato diferenciado del que hay que darle a la oligarquía, cuyos componentes son simples agentes, testaferros o intermediarios de los monopolios imperialistas, sean estos yanquis, rusos, chinos, ingleses, alemanes, franceses, finlandeses, etcétera. Planteando como política para ello aislar al sector reaccionario, ganar a un sector y neutralizar a la mayoría.

III. EL DESARROLLO DE TESIS TROTSKYSTAS EN LA IGNORANCIA DEL PROBLEMA DEL LATIFUNDIO EN LA ESTRUCTURA DE PROPIEDAD DE LA TIERRA.

En tercer lugar -y esto es importante desde el punto de vista teórico político general, la teoría del capitalismo dependiente va a una revisión del proceso histórico concreto de los países latinoamericanos y al desarrollo de tesis trotskystas.

Partiendo de esto se llega a la negación total de resabios precapitalistas en el campo. Lo que constituye un error de magnitud que es fuente de peores errores de línea en relación a un problema crucial de nuestro país: el problema de la propiedad de la tierra.

El desarrollo de las fuerzas productivas en nuestro medio rural es un problema central en la dependencia Nacional, que se profundiza exponencialmente con el “Modelo Forestal”.

Este “modelo de desarrollo”, que pretende compararse con el de países imperialistas, poco tiene de “forestal” ya que se trata de un monocultivo, y menos aún tiene de desarrollado porque profundiza el problema del latifundio.

El Latifundio es el principal problema económico de nuestro país, ni siquiera  el poderoso desarrollismo batllista pudo socavarlo durante el siglo pasado.

El Latifundio es un tipo de propiedad semi-feudal de explotación de la tierra, que compone parte esencial del atraso del capitalismo en el Uruguay.

Esta estructura de la propiedad de la tierra también genera relaciones sociales de dependencia que no se corresponden con las del modo de producción capitalista, sino que son anteriores, es decir: pre-capitalistas.

Un ejemplo de esto han sido las constataciones que ha realizado la oficina de trabajo del MTSS en las condiciones de vida de los trabajadores de la madera en la tala de los monocultivos de Eucaliptos: informalidad absoluta,  habitación en el lugar de trabajo durante largos períodos de tiempo (zafra), condiciones de total precariedad (carpas), irregularidad total en el pago de salarios, cobro en especies y circulación de moneda interna en los campamentos de las “forestales” para que solo se le pueda comprar a esa misma empresa, etc[4].

Estas relaciones sociales son más parecidas a las de las estancias coloniales del S. XVIII que a las peores condiciones de “flexibilización laboral” neoliberal en cualquier ciudad. Porque esto no es un problema moral; de si es “mejor” lo uno o lo otro. Se trata de un problema económico, se trata de relaciones sociales que se corresponden con un MODO DE PRODUCCIÓN.

El Latifundio, es entonces, un tipo de propiedad semi-feudal de la tierra en la estructura económica del Uruguay, que a su vez reproduce una super-estructura ideológica muy reaccionaria. A modo de ejemplo cabe mencionar la doctrina Carlista de Juan María Bordaberry y su propuesta de “reforma” constitucional corporativa de  1976[5].

Esa ideología reaccionaria no es ni Republicana, ni Democrática, ni Burguesa en términos liberales. Si bien sufrió un duro golpe político con la derrota de sus partidos tradicionales en 2004, aún sigue siendo la importante porque su base económica, no solo no ha sido tocada, sino que se ha fortalecido con el monocultivo de Eucaliptos y el “agro-negocio” de la soja.[6].

VI. Globalización y Trasnacionales.

En términos coloquiales hablar de una empresa “multinacional” o “trasnacional” puede pretender señalar ingenuamente a una empresa cuya actividad trasciende las fronteras nacionales de un determinado país.

El problema surge cuando se pretende desvincular el capital monopólico imperialista de los estados imperialistas, con la intención de ocultar su rol en el marco de las disputas inter-imperialistas.

Cuando se oculta el carácter Nacional de la dependencia tras la teoría del Capitalismo Dependiente, también se niega la existencia de un SISTEMA IMPERIALISTA en el que disputan diversas potencias de primer y segundo orden, en el que las potencias oprimen Naciones a las que se les Impone la Dependencia.

Todo este Sistema Imperialista Mundial se oculta tras la mentira de un supuesto capitalismo Deforme, adaptado a la dependencia, incapaz de desarrollarse de ningún modo.

 “…conviene dar una definición del imperialismo que contenga sus cinco rasgos fundamentales, a saber: 1) la concentración de la producción y del capital llega hasta un grado tan elevado de desarrollo, que crea los monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, en el terreno de este “capital financiero”, de la oligarquía financiera; 3) la exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particularmente grande; 4) se forman asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo, y 5) ha terminado el reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes. El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido señalada importancia la exportación de capitales, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de toda la Tierra entre los países capitalistas más importantes.” [7]

 Atrás de las categorías de “transnacional” o “multinacional” nunca se podría identificar la adscripción a una determinada POTENCIA IMPERIALISTA porque si una determinada fase de la cadena de producción se desarrolla en un país y otra en otro país, no podría existir tal adscripción.

Y aún mucho más etéreo es todo cuando una parte de la cadena de producción de la “multinacional” se desarrolla en una nación oprimida.

Este punto de vista se basa en las tesis posmodernas que niegan la relevancia de los Estados Nación respecto de la “economía” (término utilizado como generalización para no mencionar al sistema imperialista mundial).

En todo este esquema de razonamiento “global” posmoderno carece de importancia la nacionalidad de los propietarios de las acciones de estas empresas, la sede de los bancos con los que se financia, o las Embajadas de que Estado Nacional van a negociar con otros estados en nombre de sus intereses.

 “Si fuera necesario dar una definición lo más breve posible del imperialismo, debería decirse que el imperialismo es la fase monopolista del capitalismo. Esa definición comprendería lo principal, pues, por una parte, el capital financiero es el capital bancario de algunos grandes bancos monopolistas fundido con el capital de las alianzas monopolistas de los industriales y, por otra, el reparto del mundo es el tránsito de la política colonial, que se extiende sin obstáculos a las regiones todavía no conquistadas por ninguna potencia capitalista, a la política colonial de dominación monopolista de los territorios del globo enteramente repartido.” [8]

 Por eso para caracterizar claramente la dependencia en nuestros países oprimidos de América Latina es necesario identificar la adscripción de los MONOPOLIOS IMPERIALISTAS con las POTENCIAS IMPERIALISTAS.

Entreverar la formación económico – social con la dependencia genera una doble confusión:

A-  Niega el carácter Político Nacional al que las potencias imperialistas someten a nuestros países.

B-   Desvincula a los MONOPOLIOS IMPERIALISTAS de las POTENCIAS IMPERIALISTAS.

“El monopolio ha surgido de los bancos, los cuales, de modestas empresas intermediarias que eran antes, se han convertido en monopolistas del capital financiero. Tres o cinco grandes bancos de cualquiera de las naciones capitalistas más avanzadas han realizado la “unión personal” del capital industrial y bancario y han concentrado en sus manos sumas de miles y miles de millones, que constituyen la mayor parte de los capitales y de los ingresos monetarios de todo el país. La oligarquía financiera, que tiende una espesa red de relaciones de dependencia sobre todas las instituciones económicas y políticas de la sociedad burguesa contemporánea sin excepción: he aquí la manifestación más evidente de este monopolio.

El monopolio ha nacido de la política colonial. A los numerosos “viejos” motivos de la política colonial, el capital financiero ha añadido la lucha por las fuentes de materias primas, por la exportación de capital, por las “esferas de influencia”, esto es, las esferas de transacciones lucrativas, de concesiones, de beneficios monopolistas, etc. y, finalmente, por el territorio económico en general.

Los monopolios, la oligarquía, la tendencia a la dominación en vez de la tendencia a la libertad, la explotación de un número cada vez mayor de naciones pequeñas o débiles por un puñado de naciones riquísimas o muy fuertes: todo esto ha originado los rasgos distintivos del imperialismo que obligan a calificarlo de capitalismo parasitario o en estado de descomposición. Cada día se manifiesta con más relieve, como una de las tendencias del imperialismo, la formación de “Estados rentistas”, de Estados usureros, cuya burguesía vive cada día más a costa de la exportación de capitales y del “corte del cupón”. Sería un error creer que esta tendencia a la descomposición descarta el rápido crecimiento del capitalismo.

La obtención de elevadas ganancias monopolistas por los capitalistas de una de tantas ramas de la industria, de uno de tantos países, etc., les brinda la posibilidad económica de sobornar a ciertos sectores obreros, y, temporalmente, a una minoría bastante considerable de estos últimos, atrayéndolos al lado de la burguesía de dicha rama o de dicha nación, contra todos los demás. El acentuado antagonismo de las naciones imperialistas en torno al reparto del mundo ahonda esa tendencia.” [9]

 

[1] «El folleto que ofrezco a la atención del lector fue escrito en  Zurich durante la primavera de 1916.  En  las condiciones en que  me  veía  obligado a trabajar tuve que tropezar, naturalmente, con una cierta insuficiencia de materiales franceses e ingleses  y  con  una  gran  carestía  de  materiales  rusos.  Sin  embargo,  la  obra inglesa  más  importante  sobre  el  imperialismo,  el  libro  de  J.  A.  Hobson,  ha  sido utilizada con la atención que, a mi juicio, merece.

El folleto está escrito teniendo en cuenta la censura zarista. Por esto, no sólo me vi precisado a limitarme estrictamente a un análisis exclusivamente teórico –sobre  todo  económico –,  sino  también  a  formular  las  indispensables  y  poco numerosas  observaciones  de  carácter  político  con  una  extraordinaria  prudencia, por  medio  de  alusiones,  del  lenguaje  a  lo  Esopo,  maldito  lenguaje  al  cual  el zarismo obligaba a recurrir a todos los revolucionarios cuando tomaban la pluma para escribir algo con destino a la literatura “legal”.

EL AUTOR Petrogrado, 26 de abril de 1917.» LENIN, V. I. “El imperialismo, fase superior del capitalismo.” Edición  española  de  las Obras Escogidas de Lenin, en dos tomos, publicadas por Ediciones  en  Lenguas  Extranjeras  de  Moscú,  1948.

[2] Este Modo de Producción Predominante es el que determina, y por ello denomina a la Formación Económico-Social.

[3] Althusser, Louis. Contradicción y sobredeterminación (Notas para una investigación).

[4] Datos de 2009.

[5] Domingo Bordaberry (padre de Juan María) ya declaraba públicamente su simpatía por Mussolini mientras respaldaba el Golpe de Terra en 1933, desde el “ruralismo” más reaccionario.

[6] Ya podemos ver el papel reaccionario que están jugando estos “nuevos” latifundistas de la producción sojera en el ascenso de Macri en la República Argentina.

[7] El imperialismo, fase peculiar del capitalismo. “El imperialismo, fase superior del capitalismo.” Edición  española  de  las Obras Escogidas de Lenin, en dos tomos, publicadas por Ediciones  en  Lenguas  Extranjeras  de  Moscú,  1948.

[8] El imperialismo, fase peculiar del capitalismo. “El imperialismo, fase superior del capitalismo”. Edición  española  de  las Obras Escogidas de Lenin, en dos tomos, publicadas por Ediciones  en  Lenguas  Extranjeras  de  Moscú,  1948.

[9] El lugar histórico del imperialismo. “El imperialismo, fase superior del capitalismo”. Edición  española  de  las Obras Escogidas de Lenin, en dos tomos, publicadas por Ediciones  en  Lenguas  Extranjeras  de  Moscú,  1948.