Perspectivas sobre rectorado

Como parte del balance de 2018, debemos hacer mención de uno de sus sucesos más importantes, que tendrá inevitables consecuencias y determinará el curso del año que comienza.  Hablamos de la elección de Rector de la Universidad, donde la Asamblea General del Claustro se debatió entre dos candidatos para dicho cargo; Roberto Markarián y Rodrigo Arim. En esta ocasión, la 21 de junio decidió apoyar al primero de los postulantes, en el entendido de que un eventual segundo rectorado de Markarián significaría al menos no volver a los impulsos mercantilizadores de la Enseñanza Universitaria que se fortalecieron en nuestra Casa de Estudios durante los rectorados previos. Advirtiendo que el candidato alternativo era (y es) un perfecto representante del modelo de universidad que no queremos, la equidistancia y la neutralidad no constituían opciones serias para nosotras y nosotros.

Siendo Arim el candidato finalmente electo, y sin ninguna voluntad de emitir gratuitos agravios personales, observamos con preocupación el resultado de la elección, entendiendo que el nuevo rectorado colaborará en el fortalecimiento de ideas y prácticas que rechazamos fervientemente. Nos referimos a la mercantilización de la educación; a la pretensión de colocar a nuestra Universidad al servicio explícito del mercado; con políticas como la santanderización de los docentes, defendida por el mismo Rodrigo Arim. Nos referimos también a la voluntad de este último de enviar la Ley Orgánica al parlamento; voluntad a la que nos oponemos rotundamente, porque significaría, seguramente, la pérdida de muchos de los derechos conquistados en 1958. Por estas razones, creemos el año que comienza estará cargado de nuevas tensiones y batallas que ganar.

Elegimos apoyar a Roberto Markarián entendiendo que en ocasiones como aquella no todos los resultados tendrían consecuencias equiparablemente negativas. Si la dicotomía estaba dada –como creemos era el caso- entre una opción de perfil notoriamente mercantilizador, capaz de cuestionar las mismas bases de la autonomía y el cogobierno, y otra que –con sus falencias- aparecía como garante de una mayor y más efectiva autonomía universitaria, la neutralidad resultaba, para nosotras y nosotros, estéril e inconducente. Ante un suceso como la elección de Rector, donde las candidaturas estaban ya inalterablemente definidas, sostuvimos que no se trataba de reclamar por escenarios ideales –imposibles, al día de la elección, de materializar- sino de posicionarnos a favor de la mejor de las opciones. Rechazamos, entonces, la equidistancia. Entendemos que en instancias dicotómicas, donde se ponen en juego aquellos derechos que concebimos fundamentales, nuestro deber es aspirar a su mayor conservación posible. Desde esta perspectiva analizamos la realidad que nos rodea; se trate del destino político de la UdelaR o del Uruguay entero. En relación a este último, la equidistancia también es concebida por nosotros y nosotras como postura inconveniente, desacertada, que atenta contra el mismo bienestar de los trabajadores. Teniendo en cuenta que el año que comienza estará indudablemente atravesado por las elecciones nacionales, alzar nuestra voz sobre este punto resulta fundamental. No todo posible resultado electoral será observado por nosotros con los mismos ojos; no todo dará “lo mismo”.

En conclusión, creemos que el 2019 estará cargado de complejidades, de tensiones, pero también, y sobre todo, de oportunidades para seguir defendiendo a nuestra facultad y a las Humanidades. Se trata de luchar por todas “aquellas libertades que nos faltan” (1), sin abandonar la irrestricta defensa de las ya conquistadas. De adherirnos a nuestros fundamentales Principios Universitarios y, con base en ellos, seguir fortaleciendo el bienestar del estudiantado, enriqueciendo su formación académica y garantizando el cumplimiento y la extensión sus derechos.   

  • “Manifiesto Liminar de Córdoba”, 21 de junio de 1918. Documento fundamental del Movimiento Estudiantil Latinoamericano.