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NUESTRO PROGRAMA 2025

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Por 21 de junio
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NUESTRO PROGRAMA

80 AÑOS DE FACULTAD

Las Exequias o un nuevo impulso de las Humanidades

Contra el genocidio y por el derecho de los trabajadores a cursar


ÍNDICE

COYUNTURA UNIVERSITARIA

  • Entre las exequias o el nuevo impulso de las Humanidades
  • Orígenes y sentido fundacional
  • La paideia y la Facultad de Humanidades
  • El cambio en el ADN de la educación: El paradigma tecnocrático
  • La pedagogía del ajuste: Pablo Martinis y las competencias.
  • La universidad-empresa y el nuevo rol del docente
  • Consecuencias de la tecnocratización

PRINCIPIOS FUNDAMENTALES

  • Defensa de las Humanidades
  • Autonomía y Cogobierno
  • Gratuidad de la enseñanza
  • Libertad de Tendencias

PROPUESTAS AVALADAS POR LOS HECHOS

  • Duplicaciones de horarios y Turno Nocturno. Las 1000 firmas y la lucha histórica.
  • Cátedra Libre de Estudios Palestinos «Edward W. Said»
  • Proyección Académica del Grupegre – Itinerarios de las Humanidades
  • Fortalecimiento de las Tecnicaturas
  • Trabajo docente digno en Humanidades
  • Toda la presencialidad que sea posible, toda la virtualidad que sea necesaria
  • Fotocopiadora y la Cantina Estudiantil

COYUNTURA UNIVERSITARIA:

La Universidad de la República atraviesa un periodo de compromisos asfixiantes: su ex-rector Arim, hoy en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, y el gobierno le ofrecen migajas del presupuesto solicitado. Del 52% incremental que la Universidad solicitó y fundamentó, solo se estaría logrando un 12%, esto profundiza la precarización laboral de docentes y funcionarios, e incumple la necesaria asignación de recursos para BECAS ESTUDIANTILES. Además, el proyecto presupuestal 2025-2029 pretende transformar el sistema científico uruguayo en un modelo presidencialista, centralizado y tecnocrático, concentrando decisiones en la órbita del Poder Ejecutivo y desplazando del debate a la Universidad de la República. En este contexto, reafirmamos que la defensa de la Universidad no se reduce a preservar su autonomía formal o a celebrar sus logros pasados. Defender la Universidad significa luchar por su sentido histórico: una institución al servicio del pueblo, comprometida con las transformaciones sociales, con el pensamiento crítico y con la soberanía nacional. La Universidad pública uruguaya ha sido históricamente un espacio de disputa. En ella se confrontan proyectos de país, modelos de conocimiento, intereses sociales y concepciones políticas. En su seno se expresa la lucha de clases y se define, en buena medida, el rumbo cultural del país. La Universidad puede oscilar entre dos horizontes: el de una institución autónoma, crítica y comprometida con el desarrollo soberano del país; y el de una Universidad domesticada, funcional a los poderes económicos y subordinada a un Estado dependiente. La historia del nuestro movimiento estudiantil ha sido, precisamente, un capítulo importante de esa lucha. Hoy, esa tensión se expresa con fuerza renovada. Además del proyecto neoliberal que pretende transformar la educación superior en un negocio, la penetración del soft power imperialista en forma de financiamiento y «cooperación», el disciplinamiento ideológico mediante acusaciones de antisemitismo y persecuciones políticas, y el avance del lobby sionista dentro de la Universidad, son el paroxismo de la colonización pedagógica. Frente a ello, los estudiantes organizados tenemos una tarea estratégica: defender la autonomía universitaria no como un fin en sí mismo, sino como condición para un proyecto de liberación. La autonomía no se defiende con declaraciones protocolares sino con organización, lucha y movilización. No se garantiza con silencios cómplices, sino con pensamiento crítico, solidaridad internacionalista y una práctica gremial independiente de los gobiernos, las embajadas, los rectores y los decanos de turno. En esa misma línea, ya en 2018 nuestra agrupación denunció en el Paraninfo que Rodrigo Arim era el candidato del capital financiero; hoy, ese mismo personaje ha sido declarado persona no grata por los funcionarios de la Udelar, debido a su rol de ajustador al frente de la opp. Esta claridad política ha guiado nuestra acción colectiva: la Agrupación de Estudiantes 21 de Junio ha estado en la primera línea de esa lucha, resistiendo la censura y la persecución política, enfrentando el lobby imperialista dentro de las estructuras universitarias, denunciando el genocidio contra el pueblo palestino, combatiendo la cooptación del movimiento estudiantil por parte de intereses foráneos, e impulsando conquistas concretas como la política de duplicación de cursos y la ampliación del turno nocturno.


Entre las exequias o el nuevo impulso de las Humanidades

En un tiempo signado por la mercantilización del conocimiento, el avance del imperialismo educativo y el genocidio televisado en Palestina, las Humanidades están llamadas a desempeñar un papel decisivo: tanto en la producción crítica del saber como en la defensa activa del acervo cultural de los pueblos, que constituye un patrimonio universal, así como del derecho de las y los trabajadores a acceder a él. Asumimos esa tarea con una convicción clara: defender la enseñanza pública, gratuita, autónoma, cogobernada y crítica; denunciar cualquier complicidad institucional con el genocidio y el colonialismo; y pelear para que nadie sea excluido del acceso a los cursos por hecho de trabajar o tener tareas de cuidado. Esa es la raíz y horizonte actual de nuestro programa. A ochenta años de la creación de la Facultad de Humanidades, nos encontramos en un punto de inflexión histórica. El aniversario no es sólo motivo de conmemoración: es, sobre todo, una oportunidad para evaluar críticamente el trayecto recorrido, el proyecto político-intelectual que le dio origen y la profunda disputa en torno a su sentido actual. La pregunta que atraviesa este balance es inevitable: ¿asistimos a las exequias de un proyecto crítico o es posible, desde la memoria de sus luchas y conquistas, abrir un nuevo impulso que renueve el papel de las Humanidades en la cultura nacional?


Orígenes y sentido fundacional

La Facultad fue pensada en 1914 por Carlos Vaz Ferreira, uno de los intelectuales más influyentes del país, y formalmente creada en 1945 tras décadas de debates, resistencias y esfuerzos colectivos. Aquella larga gestación no fue sólo un trámite institucional: fue el resultado de entender la educación universitaria como herramienta de emancipación y no como un servicio subordinado a los intereses que el mercado le asignaba en el reparto internacional de producción. El núcleo original de la Facultad se forjó con la convicción de que el pensamiento libre y la investigación crítica son condiciones necesarias para el desarrollo de una sociedad democrática. Desde sus primeros pasos, la Facultad buscó pensar lo público más allá de la lógica mercantil, formando intelectuales capaces de intervenir en la vida social, política y cultural del país. Este proyecto se apoyó en figuras fundacionales como Rodolfo Tálice, Arturo Ardao, Vicente Cicalese, Justino Jiménez de Aréchaga, Clemente Estable, Lauro Ayestarán, entre otras.


La paideia y la Facultad de Humanidades

La Facultad se pensó desde su origen como heredera de la tradición humanista grecolatina, inspirada en el concepto de paideia: la formación integral del ser humano en el conocimiento, la ética, la capacidad crítica y la participación ciudadana. Su objetivo fue formar sujetos capaces de pensar la complejidad del mundo y actuar sobre él críticamente. Durante ocho décadas, la Facultad ha desempeñado un papel decisivo en la formación de investigadores, docentes y pensadores en filosofía, historia, letras, antropología y educación. Ha impulsado estudios sobre identidad nacional, pensamiento latinoamericano, teoría social, análisis del discurso y crítica cultural. Figuras como Emir Rodríguez Monegal o Carlos Real de Azúa —este último, aunque no docente estable, un ensayista cuya obra ha nutrido profundamente el horizonte intelectual de la Facultad— se inscriben en esa tradición crítica que ha hecho de la facultad de Humanidades un espacio de pensamiento estratégico para el país. La matriz inicial de la Facultad fue claramente vazferreiriana: una Facultad no profesionalista, centrada en la formación humanista, el pensamiento libre y la crítica social. Inspirada en la filosofía antidogmática y el pragmatismo ético de Carlos Vaz Ferreira, su proyecto apostaba a una educación universitaria concebida como ejercicio del pensamiento, no como preparación para una carrera o profesión. Obras como Moral para intelectuales, Filosofía viva o Sobre los problemas sociales reflejan esa vocación de independencia frente al mercado y al Estado. Sin embargo, esa concepción original fue transformada a impulso de Mario Otero y Blanca París, orientando la Facultad hacia la profesionalización de las Humanidades y la consolidación de sus carreras como campos de trabajo académico y docente.

Esa redefinición institucional y política, se dio en un contexto de ascenso de la izquierda revolucionaria y del marxismo, que atravesó la vida universitaria y nacional. Desde esa perspectiva, la profesionalización no fue una claudicación, sino una forma de dar inserción social y política concreta a las Humanidades en un momento de radicalización y compromiso.


El cambio en el ADN de la educación: El paradigma tecnocrático

A partir de la década de 1990, con la consolidación global del neoliberalismo y del paradigma tecno-capitalista, comenzó a imponerse un modelo educativo radicalmente distinto al que dio origen a la universidad pública latinoamericana. Bajo el lenguaje de la «eficiencia», la «modernización» y la «calidad», se instaló una lógica que reconfiguró el sentido mismo de la enseñanza, subordinando sus fines a las necesidades del mercado. Este cambio no surgió de un debate democrático sobre el rumbo de la educación. Fue impulsado desde organismos multilaterales —como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la ocde o el Espacio Europeo de Educación Superior—, cuyos marcos de acción responden a los intereses de los grandes capitales transnacionales. Desde allí se promovieron reformas estructurales presentadas como «recomendaciones técnicas», pero que en realidad responden a una estrategia política: transformar la educación en un dispositivo funcional a la «economía global» En este nuevo esquema, la educación deja de ser un derecho social y un proceso de formación integral para convertirse en un instrumento de competitividad. Se redefine como «inversión en capital humano», medida en términos de productividad, resultados cuantificables y «retorno» económico. La universidad deja de ser un espacio de producción crítica del conocimiento para transformarse en una fábrica de trabajadores flexibles, capaces de adaptarse a las exigencias cambiantes del mercado laboral.


La pedagogía del ajuste: Pablo Martinis y las competencias.

El mismo día en que Rodrigo Arim es reelecto como rector de la Universidad de la República, Pablo Martinis —entonces ya perfilado como decano «natural» de la Facultad de Humanidades— participaba en un programa de TV Ciudad donde, lejos de confrontar con el modelo hegemónico en educación, se encargó de revestirlo de un barniz progresista y democrático. Su intervención es una muestra clara de cómo opera la ofensiva ideológica del reformismo arocenista: no defendiendo abiertamente el lenguaje tecnocrático del Banco Mundial, sino reescribiéndolo en «clave humanista», disimulando su contenido real bajo términos que parecen inocentes o incluso emancipadores. Martinis comienza su discurso afirmando que «la función central de la educación es formar sujetos para la democracia». Es precisamente desde esa afirmación —con la que cualquier proyecto educativo podría coincidir— que despliega un giro estratégico: al contraponer los contenidos al plano metodológico y de las experiencias, relega los saberes concretos a un segundo plano y sitúa en el centro de la educación la adquisición de «herramientas», o como él mismo dice, «competencias». Esa es la palabra clave. Pronunciada con cuidado («como gusta decirse ahora») y enmarcada en la idea de participación democrática, Martinis la legitima sin nombrar su origen ni sus consecuencias. Naturaliza así el paradigma impuesto por los organismos internacionales y el proceso de Bolonia, que busca subordinar la educación a las demandas del mercado laboral y a la lógica de la empleabilidad. El discurso, presentado como reflexión pedagógica, cumple en realidad una función profundamente política: desarma el debate. En lugar de discutir si el enfoque por competencias empobrece la formación crítica, diluye el conocimiento disciplinar o adapta la universidad a las necesidades del capital, Martinis traslada la discusión al terreno de los valores y afirma que lo importante no es lo que se enseña, sino la «capacidad» de los estudiantes para actuar en contextos cambiantes. De este modo, oculta que esa misma noción de «competencias» fue construida para convertir a la educación pública en una fábrica de mano de obra flexible, desplazando el derecho al conocimiento por la exigencia de «performar» en el mercado. Lo más grave es que este discurso no es un gesto aislado ni una opinión personal: forma parte de una estrategia política más amplia. La sincronía entre la reelección de Arim —máxima figura de la adaptación neoliberal de la Udelar— y la intervención de Martinis no es casual. Es la expresión de un proyecto universitario que pretende presentarse como democrático y progresista mientras desmantela, paso a paso, la tradición crítica de la educación pública. Es la pedagogía del ajuste vestida de ciudadanía. Uno de los núcleos centrales de esta transformación es la instalación del «enfoque de competencias» como paradigma dominante. Bajo una retórica aparentemente inclusiva—centrada en el estudiante, en el aprendizaje activo y en la adaptación a contextos cambiantes—, este modelo desplaza el sentido profundo de la formación universitaria. En lugar de fomentar la lectura crítica, el pensamiento complejo, la escritura rigurosa o la creación intelectual, se privilegia la adquisición de «habilidades» y «destrezas» orientadas a la empleabilidad. Saber interpretar críticamente un texto filosófico, analizar procesos históricos o debatir ideas deja de ser relevante frente a la necesidad de «resolver problemas» o «trabajar en equipo» en contextos empresariales. El conocimiento se fragmenta y se convierte en un conjunto de competencias aisladas que pueden ser medidas, evaluadas y certificadas. En este marco, conceptos fundamentales para las humanidades —como el tiempo de estudio, la concentración sostenida, la investigación teórica o el desarrollo del juicio crítico— son vistos como improductivos o innecesarios. La educación deja de formar sujetos críticos y pasa a moldear operadores funcionales.


La universidad-empresa y el nuevo rol del docente

El nuevo modelo educativo no sólo redefine qué se enseña, sino también cómo se enseña y quién lo enseña. El rol del docente se vacía progresivamente de su dimensión intelectual y política. Ya no se lo concibe como un investigador que acompaña procesos de formación, sino como un «facilitador» o «mediador» encargado de guiar al estudiante en su «autocomprensión». La enseñanza pierde su carácter colectivo y dialógico y se reemplaza por un esquema individualizado, tecnificado y estandarizado. El aula deja de ser un espacio de construcción crítica del conocimiento y se convierte en un entorno de «aprendizaje activo» diseñado por consultores pedagógicos y plataformas digitales. La relación pedagógica —una relación política en sí misma— se transforma en un servicio mediado por tecnología, donde el profesor se convierte en un proveedor y el estudiante en un cliente. La obsesión por medir, comparar y cuantificar penetra todos los niveles. Los planes de estudio se fragmentan en microcompetencias; los cursos se evalúan por «resultados de aprendizaje» y los docentes por su capacidad de cumplir con indicadores estandarizados. La lógica de la evaluación constante produce una pedagogía de la urgencia, donde el objetivo deja de ser pensar, leer o crear, y pasa a ser cumplir con métricas impuestas externamente.


Consecuencias de la tecnocratización

Este proceso tiene consecuencias profundas. En primer lugar, debilita la función crítica de la universidad: al privilegiar lo útil sobre lo verdadero, se limita la capacidad de producir conocimiento capaz de cuestionar las estructuras de poder. En segundo lugar, erosiona el carácter público del sistema educativo, abriendo la puerta a su mercantilización y privatización progresiva. Y, en tercer lugar, vacía de contenido el proyecto emancipador que dio origen a instituciones como la Facultad de Humanidades. El resultado es una universidad cada vez más parecida a una empresa: compite por fondos, mide su rendimiento en rankings, estructura su oferta académica en función de la «demanda» y convierte a estudiantes y docentes en consumidores y prestadores de servicios. El saber deja de ser un bien común para convertirse en un producto.

A pesar de la profundidad de la crisis universitaria y del avance de la tecnocracia, no partimos de cero ni estamos derrotados. Somos herederos de una tradición que supo conquistar la autonomía, el cogobierno y la gratuidad enfrentando gobiernos, dictaduras y ajustes. Cada vez que quisieron domesticar a la Universidad, el movimiento estudiantil se levantó y la defendió con creatividad, con ternura y con coraje. Hoy nos toca a nosotros y nosotras hacerlo de nuevo. El desafío no es sólo resistir, sino reconstruir una universidad crítica, popular y latinoamericana. Por eso, lejos del derrotismo, llamamos a redoblar la organización, a unir fuerzas entre estudiantes, trabajadores y docentes, y a convertir la crisis en un revulsivo y nuevo impulso de las Humanidades. Como recordaron los estudiantes de Córdoba en 1918, “los dolores que quedan son las libertades que faltan”: esas palabras siguen siendo nuestra bandera y nuestra promesa de lucha.


PRINCIPIOS FUNDAMENTALES

Defensa de las Humanidades:

En nuestro país, el «consenso» hegemónico de esta concepción educativa plantea que: el pensamiento crítico, la rigurosidad epistemológica, la reflexión filosófica, la conciencia histórica, el análisis crítico de las instituciones y corrientes pedagógicas, el análisis de los fenómenos culturales, el análisis del discurso, la creación literaria y muchos otros desarrollos disciplinares, son «lujos intelectuales» a los que deberían acceder solo unos pocos, o en todo caso, temas de posgrados, en los que una «Universidad productiva» no debería invertir como actualmente lo hace. Preguntan con falsa ingenuidad: ¿Para qué sirven las Humanidades? Los señores necesitan sirvientes y los mecenas, intelectuales obsecuentes. Para estos señores la Facultad de Humanidades no solo no es «productiva», sino que además implica la generación de un clima cultural que no hace otra cosa que «poner palos en la rueda del progreso». En varias licenciaturas, la «Producción de Egresados» no guarda razonable relación con el número de alumnos y además quienes egresan no desempeñan «el rol social» que consideran «necesario», tanto así que los tienen que importar. Es por eso que, en el Proyecto de la nueva Ley Orgánica de la Universidad, que había redactado el ex rector Arocena, se eliminaba la presencia de Nuestra Facultad en el Consejo Directivo Central (cdc). En la dirección universitaria que quieren los neoliberales no hay lugar para el pensamiento crítico de las Humanidades; allí solo puede haber un pensamiento único y «fin de la historia». Tienen una concepción aristocrática de la Universidad y consideran una dilapidación de recursos que los trabajadores —aunque éstos sean muchos menos de los que nosotros quisiéramos— puedan estudiar en las licenciaturas y tecnicaturas que integran la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (fhce), porque en su concepción el Estado solo debería invertir recursos en Enseñanza Universitaria hacia quienes disponen del tiempo necesario para «recorrer» las «carreras» universitarias en los plazos establecidos por los Planes de Estudio. Según concluyeron los obsecuentes funcionarios del Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Espacio Europeo de Educación Superior, etc., este tipo de instituciones —como la nuestra— son económicamente deficitarias y políticamente inconvenientes. Lamentablemente no faltan aspirantes a obsecuentes profesionales que se han trazado un claro objetivo: liquidar la Facultad de Humanidades. El derecho de los trabajadores a estudiar Humanidades; la libertad de tendencias, la Autonomía, el Cogobierno y la Gratuidad de la enseñanza universitaria, consagradas en la Ley Orgánica de 1958, conquistada con la lucha unitaria de OBRERAS/OS Y ESTUDIANTES. Esta Facultad, fundada por Carlos Vaz Ferreira, transformada por Blanca París, Mario Otero y defendida por los mártires caídos en la lucha contra la dictadura fascista, son los pilares que impulsan nuestra militancia universitaria.


Autonomía y cogobierno:

Los principios democráticos que sustentan nuestra propuesta postulan una posición contraria a cualquier intento de cercenar la Autonomía Universitaria. Por eso defendemos el cogobierno universitario, donde estudiantes, egresados y docentes perfilan las políticas de nuestra Facultad y de la Universidad de la República, en aras de potenciar las posibilidades de creación del conocimiento en beneficio de nuestro pueblo. Entendemos que nuestra Universidad autónoma debe estar desligada de las relaciones funcionales a los gobiernos de turno. Consideramos de plena vigencia los principios universitarios comprendidos en la Ley Orgánica de 1958, postulados democráticos centrales en el levantamiento estudiantil cordobés de 1918. Estudiantes de todo el continente luchan sin tregua por alcanzar conquistas que en nuestra Universidad son realidad vigente. Nuestra Agrupación es un factor de unidad en la feuu con todas las corrientes que defienden los principios universitarios. Así logramos derrotar el nefasto intento del ex rector Arocena de entregarle la Ley Orgánica a un Parlamento que había manifestado un consenso monolítico contra la autonomía y el cogobierno de la Universidad y que quedó demostrado en los proyectos de la utec y la uned. Con el debilitamiento del arocenismo, y a pesar de las vacilaciones del ex Rector Markarián, logramos resistir cuando, por ejemplo, el Ministerio de Economía y Finanzas impulsó fuertemente el mecanismo de Participación Público-Privada como única forma posible de financiamiento para el Hospital de Clínicas, presionando para que se aprobara la iniciativa mediante la retención de fondos críticos ya asignados a dicho Hospital. La intervención de inversores privados en la Educación Pública también es Plan Bolonia: también es parte de los acuerdos que internacionalmente han sido establecidos para la Educación Uruguaya. Introducir a un privado dentro de la Udelar no solo hubiera afectado a la autonomía sino también al cogobierno, ya que estos nuevos actores hubieran tenido la potestad de tomar decisiones a consecuencia de su inversión. Como a los estudiantes de Humanidades no nos es indiferente el Hospital Universitario, las Consejeras de la 21 de junio debatieron con éxito para que la Facultad llevara al Consejo Directivo Central (cdc) una postura en contra de las ppp. La derrota de este mecanismo en el cdc de la Universidad —con la destacada participación de nuestro compañero Andrés Fernández como representante de la feuu— es una victoria que se inscribe en las mejores páginas del movimiento estudiantil universitario.


Gratuidad de la enseñanza:

Defendemos incondicionalmente la gratuidad de la Educación Pública Nacional. Por esto, nos oponemos a la implementación del cobro de matrícula en los posgrados, pues esta medida intenta avanzar hacia el cobro de toda la enseñanza universitaria. Además de cercenar el derecho a la enseñanza, la propuesta del cobro de matrícula se basa en una concepción neoliberal extremadamente individualista, que ve como único beneficiado al estudiante, cuando la relevancia de la Universidad es de carácter social y busca no solamente transmitir conocimiento al estudiante en su función de enseñanza, sino a la sociedad en su conjunto a través de la divulgación, la extensión, la investigación científica al servicio nacional y los convenios con los sectores productivos nacionales. Estamos convencidos de la necesidad de un mayor presupuesto para la Educación Pública y de que la única forma de lograrlo es con la organización y lucha del Movimiento Estudiantil junto al Movimiento Popular. Apostamos a la unidad para garantizar la gratuidad de toda la enseñanza, para lograr más becas estudiantiles, por salario digno para docentes y funcionarios y por mejores condiciones de estudio

Rechazamos cualquier forma de arancelamiento, mercantilización o privatización del conocimiento.


Libertad de tendencias:

De un derecho conquistado a una democracia gremial en disputa.

La Agrupación de Estudiantes 21 de junio fue protagonista en la conquista de una de las garantías más importantes del movimiento estudiantil: la Libertad de Tendencias, consagrada en el Estatuto del Centro de Estudiantes de Humanidades y Ciencias de la Educación (cehce) y en el Estatuto de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (feuu). Esta conquista, resultado de décadas de lucha colectiva, significó que todas las corrientes de opinión tuvieran derecho a expresarse, organizarse y disputar democráticamente el rumbo del gremio. Sin embargo, ese derecho hoy se encuentra bajo ataque directo. En los últimos años, la institucionalidad universitaria ha avanzado sobre el movimiento estudiantil con prácticas persecutorias y mecanismos de silenciamiento que vacían de contenido la democracia gremial. La conformación de un cehce funcional al decanato —que actúa más como brazo estudiantil de las autoridades que como herramienta de organización de base— es la expresión más nítida de este proceso. Este centro «amarillo», alineado políticamente con la gestión, ha colaborado en censurar actividades, bloquear debates y legitimar resoluciones que vulneran principios históricos del gremio. A la vez, nuestra agrupación ha sido objeto de una campaña sistemática de persecución política, con investigaciones administrativas, sumarios, prohibiciones de ingreso a la facultad, clausura de espacios gremiales y censura de cartelería. Se ha intentado expulsarnos del debate público y criminalizar nuestras posiciones políticas —particularmente nuestra denuncia del genocidio en Palestina y nuestra oposición a la contratación de apologetas del sionismo—. Estas prácticas no solo violan derechos fundamentales consagrados en la Ley Orgánica de la Universidad, sino que buscan imponer un pensamiento único en el movimiento estudiantil. La «libertad de tendencias» no puede reducirse a una cláusula estatutaria vacía: debe ser una práctica política viva, garantizada en la cotidianidad gremial. Eso implica que ninguna agrupación sea perseguida por sus ideas, que los recursos y espacios del gremio no sean utilizados para beneficiar a una sola corriente, y que las decisiones se tomen a partir del debate democrático y no de acuerdos de despacho con las autoridades. Hoy, más que nunca, defender la libertad de tendencias significa defender la independencia gremial frente al poder institucional, la injerencia imperialista y las burocracias cooptadas. Significa recuperar el cehce como herramienta de lucha estudiantil y no como oficina de relaciones públicas del decanato. Significa garantizar que la pluralidad política no sea tolerada como una concesión, sino reconocida como la base misma de un movimiento estudiantil libre, combativo y democrático


PROPUESTAS AVALADAS POR LOS HECHOS

DUPLICACIONES DE HORARIOS Y TURNO NOCTURNO

Las 1000 firmas y la lucha histórica por el Turno Nocturno

Si hay una lección que deja este período, es que ningún derecho se concede: los derechos se conquistan. En tiempos donde la educación pública fue blanco de ajustes, reformas conservadoras y ataques ideológicos, hemos demostrado que incluso en condiciones adversas la lucha sostenida puede arrancar victorias concretas y estratégicas. La promesa de ampliación del turno nocturno y la duplicación de cursos no fue una concesión graciosa de las autoridades. Fue el fruto directo de una campaña de organización desde abajo que logró articular a más de 1000 estudiantes en una causa común. Durante años, la falta de ofertas horarias adecuadas fue uno de los principales factores de exclusión en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Este año la situación alcanzó niveles intolerables: apenas un 0,5% de las materias contaban con doble horario en el primer semestre y menos en el segundo, y en la práctica, el acceso a la educación superior se volvía imposible para quienes trabajamos o tenemos responsabilidades familiares. La «dedicación exclusiva» no es un ideal académico, es una barrera de clase. Frente a esta injusticia, la 21 de Junio impulsó una de las campañas gremiales más importantes de las últimas décadas: la recolección de más de mil firmas para exigir la organización racional de los cursos, el fin de la superposición horaria y la creación de un turno nocturno real. La presión estudiantil logró quebrar años de inmovilismo institucional y el 17 de septiembre de 2025 el Consejo aprobó una resolución histórica que establece:

  • La duplicación de unidades curriculares iniciales y masivas.
  • La obligación de que al menos un tercio de las horas se dicten entre las 20 y las 22h.
  • La rotación obligatoria de cursos en todos los turnos con preferencia al nocturno.
  • La remuneración especial para las duplicaciones, garantizando su viabilidad presupuestal.

*Para garantizar que esta resolución que logramos arrancar en el Consejo se cumpla efectivamente debemos tener compañeros y compañeras vigilando con independencia gremial en los órganos de Cogobierno su materialización. *

POR ESO VOTÁ A LA 21 DE JUNIO

REAFIRMÁ EL TURNO NOCTURNO Y LA DUPLICACIÓN DE HORARIOS


Cátedra Libre de Estudios Palestinos «Edward W. Said»

Proponemos la creación de una Cátedra Libre de Estudios Palestinos «Edward W. Said» en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, como espacio académico y político para el estudio crítico de las formas contemporáneas de colonialismo, imperialismo y genocidio. La Cátedra se propone, además, criticar los enfoques eurocentristas que históricamente han estigmatizado, invisibilizado y falsificado las visiones, culturas y luchas de los pueblos árabes-islámicos Esta cátedra se inspira en experiencias ya existentes en América Latina —como la Cátedra Libre de la uba— y busca articular a docentes, investigadores, intelectuales y movimientos sociales comprometidos con la solidaridad con el pueblo palestino. Su desarrollo programático combinará instancias de formación, investigación y extensión universitaria, abordando temas como el pensamiento de Edward Said, la historia de Palestina, el genocidio en curso y el papel de las Humanidades frente a los procesos de colonización cultural. Esta propuesta constituye una respuesta programática ante las censuras y presiones sufridas por quienes, desde el ámbito académico, han denunciado el genocidio y el movimiento político e ideológico que lo sostiene. Contamos en nuestra Facultad con docentes e intelectuales plenamente capacitados para colaborar activamente con esta propuesta, capaces de vincular la reflexión académica con la acción política y cultural, y que ya articulan con activistas y pensadores críticos que en nuestro país difunden y profundizan el debate público sobre Palestina, el orientalismo y la descolonización del conocimiento.


Proyección Académica del Grupegre -Itinerarios de las Humanidades-

Proponemos transformar la experiencia del grupegre (Grupo de Estudiantes y Egresados a Grecia) en el núcleo de un programa permanente de itinerarios académicos y culturales, que articule las distintas áreas de estudio de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Partiendo de su primera edición —centrada en Grecia, la Antigüedad y la cultura clásica—, el grupegre ha demostrado que la autoorganización estudiantil y la solidaridad universitaria pueden abrir espacios reales de formación internacional, con participación de estudiantes, docentes, egresados y funcionarios, aval del Consejo de Facultad y financiamiento autogestionado mediante rifas gracias a la colaboración con la empresa siur, que permite cubrir el 100% del costo del viaje y la estadía. Nuestra propuesta es ampliar y consolidar el modelo, generando nuevos itinerarios interdisciplinarios vinculados a las áreas de conocimiento que se desarrollan en la Facultad, por ejemplo:

  • Historia Antigua, Medieval y Contemporánea: viajes académicos a Grecia, Francia, España o sitios patrimoniales de América Latina, que permitan recorrer los procesos de conformación de las civilizaciones y los Estados modernos.

  • Letras y Literaturas: itinerarios dedicados a la literatura medieval, española, francesa y latinoamericana, integrando recorridos por ciudades, archivos, museos y tradiciones literarias.

  • Filosofía, Antropología y Ciencias de la Educación: experiencias en espacios de formación y debate internacional, articuladas con proyectos de extensión, investigación y pedagogía crítica.

Este programa apunta a democratizar el acceso a experiencias formativas internacionales, vinculando la enseñanza con la vida cultural de los pueblos. En el futuro, proponemos avanzar hacia el reconocimiento académico de los itinerarios mediante créditos, certificados y otros apoyos institucionales, consolidando el valor pedagógico y cultural de estas experiencias. El grupegre, impulsado por la militancia estudiantil bajo la coordinación de Alejandra Silveira, referente de esta primera edición y candidata al Claustro por la 21 de Junio, representa en la práctica, el aporte que hacemos a la construcción de una comunidad organizada en la Facultad de Humanidades.


Fortalecimiento de las tecnicaturas

Dramaturgia todos los años

Es una realidad que en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación existen carreras especialmente postergadas a nivel presupuestal. Entre ellas, la Tecnicatura Universitaria en Dramaturgia (TUD) —que se dicta en conjunto con la EMAD— es la única carrera de la Facultad que mantiene cupos y que, además, no logra ofrecerse todos los años. Esto se debe a la falta de recursos presupuestales estables, lo que limita el acceso y debilita una formación que es clave para la producción cultural del país. Desde la 21 de Junio entendemos necesario destinar fondos específicos para eliminar esta restricción y garantizar su dictado anual. La TUD cumple una función esencial en la formación artística y humanística del Uruguay. No sólo forma dramaturgos y dramaturgas, sino que genera pensamiento crítico, escritura creativa y reflexión sobre la sociedad contemporánea. Apostar a su continuidad es apostar a la soberanía cultural y al derecho de los y las estudiantes a una educación artística pública, gratuita y de calidad.

TUILSU

Asimismo, otras tecnicaturas también sufren las consecuencias de la falta de recursos o planificación estable. La Tecnicatura en Interpretación y Traducción de Lengua de Señas Uruguaya (TUILSU) y la Tecnicatura en Turismo se dictan cada dos años —en el caso de Turismo, alternando entre Maldonado y Salto—, lo que genera demoras y obstaculiza la continuidad de los estudios.

TUCE

Por último, la experiencia de la Tecnicatura Universitaria en Corrección de Estilo (TUCE) demuestra que cuando se lucha colectivamente se pueden conquistar avances reales. Tras años de precariedad docente, logramos que el Consejo de Facultad destinara parte de los fondos incrementales de 2021 a la efectivización de cargos, garantizando mayor estabilidad y continuidad académica. Este logro debe ser el punto de partida para exigir que se consoliden recursos permanentes para todas las tecnicaturas de la Facultad, en especial aquellas que aún dependen de fondos extraordinarios. Desde la 21 de Junio proponemos que la Facultad asuma como prioridad política la consolidación de sus tecnicaturas, asegurando presupuesto propio y planificación anual. En particular, que la Tecnicatura Universitaria en Dramaturgia se oferte todos los años, como compromiso con la cultura nacional y con el derecho de los y las estudiantes a formarse en todas las áreas del saber y la creación. Fortalecer las tecnicaturas es defender la extensión de las Humanidades hacia el arte, el lenguaje y el trabajo cultural de nuestro pueblo.


Trabajo docente digno en Humanidades

Fin de la precarización docente. Defensa de los grados 1 y 2

La Universidad se sostiene sobre el trabajo de cientos de docentes precarizados. En Humanidades, los grados 1 y 2 viven una situación de inestabilidad, bajos salarios y contratos a término que los obliga al multiempleo y a sobrecargas laborales. El nuevo Estatuto Docente, que debía mejorar las condiciones y promover la movilidad en la carrera universitaria, terminó en muchos casos profundizando la incertidumbre: docentes en formación, incluso efectivos, se enfrentan a vencimientos sin garantías de continuidad ni oportunidades reales de ascenso. Desde la 21 de junio compartimos plenamente la preocupación expresada por ADUR FHCE: no puede perderse una generación de docentes jóvenes y formados por falta de planificación y presupuesto. Exigimos que ningún docente sea desvinculado si cumple con su labor y avanza en su formación, y que la Facultad asuma la responsabilidad institucional de garantizar mecanismos de estabilidad, ascenso y continuidad. Defender a los grados 1 y 2 es defender la calidad educativa y el futuro de la Universidad pública. Proponemos una política activa de protección y promoción de los grados bajos, la prórroga de contratos afectados por el cambio estatutario y la creación de cargos estables con financiamiento permanente.


Toda la presencialidad que sea posible, toda la virtualidad que sea necesaria

Defendemos la presencialidad como principio pedagógico y político de las Humanidades. Frente a los procesos de tecnificación, recorte presupuestal y empobrecimiento del vínculo educativo que trajo la virtualización masiva, reafirmamos que el aula es un espacio de encuentro, diálogo y construcción colectiva del conocimiento.

La presencialidad no es solo una modalidad de cursado: es la condición material y simbólica del pensamiento crítico, del intercambio generacional y del derecho al estudio como práctica emancipadora. Continuidad educativa y derecho adquirido Habiendo retornado a la presencialidad luego de la pandemia, y sobre la base de los criterios pedagógicos y académicos desarrollados desde los distintos órdenes, planteamos la necesidad de una política focalizada para garantizar la continuidad educativa de quienes comenzaron sus estudios de forma virtual y vieron su formación interrumpida. La Facultad ya cuenta con antecedentes en este sentido, como el reclamo por la continuidad de los estudiantes de Museología tras el cierre de la tecnicatura —al que nos opusimos por ser producto del recorte presupuestal—. Gracias a esa lucha, el Consejo aprobó un recorrido alternativo por asignaturas de Historia y Antropología, que permitió el egreso efectivo de muchas compañeras y compañeros. Desde la Comisión de Organización de la Enseñanza, y junto con los demás órdenes, impulsamos un relevamiento por Instituto para identificar la situación de los estudiantes en cada carrera. A partir de esa información, se promovieron medidas concretas:

  • Materiales didácticos complementarios para cursos de asistencia libre.

  • Evaluaciones en forma remota cuando fuera necesario.

  • Coordinación de semanas prácticas en los cursos teórico-prácticos.

  • Tutorías y horarios especiales de acompañamiento docente.

  • Uso pedagógico del eva y posibilidad de registrar clases por parte de estudiantes y docentes.

Estas políticas demostraron que es posible garantizar continuidad sin renunciar a la calidad académica, y deben ser fortalecidas por el Consejo de Facultad como parte de un compromiso institucional permanente. Presencialidad con apoyo tecnológico y contra el ajuste La defensa de la presencialidad no implica negar la articulación con la tecnología digital. Entendemos que esta articulación es necesaria siempre que esté al servicio de la enseñanza y de la igualdad de oportunidades, con materiales accesibles, plataformas abiertas y garantizando el derecho a la asistencia libre en los cursos teóricos. Pero no somos ingenuos: sabemos que la virtualización también fue usada como excusa para el ajuste. Durante esos años, el gobierno de Lacalle Pou impulsó un modelo de enseñanza virtual orientado a reducir presupuesto y precarizar la docencia, como expresan los proyectos de ley de Felipe Schipani (Partido Colorado) y Jamil Murad (Cabildo Abierto) en 2021, así como las iniciativas de Claudio Rama, asesor del mec, que promueven la enseñanza a distancia como vía de recorte. En otras facultades —como Derecho, bajo el decanato de la cgu— se eliminaron los turnos nocturnos, dejando a los trabajadores una educación de menor calidad. En Humanidades, vamos a seguir luchando en el Consejo y en todos los ámbitos por mejores condiciones de estudio y una enseñanza de calidad sin exclusiones.

Toda la presencialidad que sea posible, toda la virtualidad que sea necesaria para la continuidad de aquellos compañeros y compañeras que tienen derecho a terminar sus estudios y continuar sus carreras.


Fotocopiadora y Cantina Estudiantil

Por la Autogestión y la Democracia Gremial

La Fotocopiadora y la Cantina Estudiantil no son simples servicios: son herramientas históricas de autogestión gremial, construidas por generaciones de estudiantes y sostenidas con trabajo colectivo. Garantizan condiciones materiales para estudiar, reproducir materiales, comer, descansar y encontrarse: son, en definitiva, parte viva del derecho al estudio.

El cierre y la intervención

Durante 2024, el Decanato de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación procedió al cierre forzoso de la Fotocopiadora Estudiantil, violentando el lacre del local, cambiando la cerradura y secuestrando las máquinas, libros, mercaderías y pertenencias personales de los compañeros que sostenían el servicio. Este hecho perjudicó directamente a cientos de estudiantes, que utilizaban la fotocopiadora para imprimir y encuadernar materiales, preparar el mate entre clases y sostener un espacio comunitario que forma parte de la vida universitaria cotidiana. El cierre se realizó con la excusa de una supuesta «investigación administrativa» y bajo acusaciones de «antisemitismo» hacia los militantes de la Agrupación 21 de Junio, por su papel en la organización de actividades contra el genocidio en Palestina.

Así, se instrumentó una persecución política que derivó en sumarios y sanciones, como el caso del compañero Nicolás Bonilla, y en un intento de disciplinamiento ideológico sobre quienes sostienen posiciones críticas respecto del sionismo y la política del Estado de Israel. Complicidad y violación del cogobierno A este atropello se sumó la complicidad de la lista 45, minoría estudiantil en el Consejo y afín al decanato, a quienes se les entregó la llave del local de la Fotocopiadora, dejándolo cerrado.

La misma lista fue también cómplice de la privatización de la Cantina Estudiantil, en violación directa del mandato del plebiscito estudiantil, que establecía explícitamente que la administración debía estar a cargo de la Asociación Civil del cehce. Esa Asociación Civil, con personería jurídica vigente y reconocida en decenas de actos administrativos, fue desconocida por la Facultad, que prefirió entregar el control a un grupo sin legitimidad ni reconocimiento legal. Esta decisión rompe el principio del cogobierno universitario y desconoce la voluntad soberana de los estudiantes, expresada democrática y masivamente en las urnas. Es un precedente gravísimo que amenaza el carácter democrático y autónomo de la Universidad y que sienta las bases para una política de disciplinamiento gremial bajo cobertura administrativa.

En base a nuestros Principios Fundamentales, a nuestras propuestas y al balance que expresamos en este Programa, te invitamos a apoyar a la Agrupación de Estudiantes 21 de junio con las listas 21,19 y 18 en estas Elecciones Universitarias.

¡Votá 21 DE JUNIO!