La política de becas económicas, de alojamiento, de transporte y de alimentación que lleva adelante Bienestar Universitario, debe ser mantenida y profundizada para que la enseñanza sea realmente gratuita.

Miles de estudiantes han podido comenzar sus estudios universitarios gracias a las becas de Bienestar. Quienes ven como un problema - o una inversión “poco rentable” - el tener que destinar fondos a estos derechos estudiantiles, hoy promueven la “educación a distancia” para “integrar” a quienes viven en el interior del país. Esta “solución” (que solo les soluciona el “problema” político de garantizar un derecho), además de precarizar la enseñanza, generando una formación de clase A (para quienes pueden transitar por nuestra Casa de Estudios), y una formación clase B (para quienes la tienen que ver grabada), no es gratuita.

Pareciera que se olvidaran de todos los estudiantes que quedan por fuera de la virtualidad por no tener dispositivos informáticos o conexión a internet. De alguna forma, la misma gente que es consciente de lo que implica esta situación para los gurises de Secundaria, piensa que al salir del liceo mágicamente cambian sus condiciones materiales. Lo que se esconde atrás de esta inconsistencia, es una visión elitista de la Universidad que apuesta a ofrecer una enseñanza alejada de los sectores populares.

Se olvidan de todas las y los estudiantes que viven en zonas rurales o semi rurales, sin fibra óptica o con mala conexión a internet, que ni pueden intervenir en clase porque no se les oye bien; que no pueden poner una cámara porque se les cae la conexión o porque directamente no la tienen; o que solo pueden “oir” la cantidad de clases que pueden pagar con sus datos móviles. Se olvidan de quienes comparten una casa pequeña con varias personas, y no tienen un lugar que les permita concentrarse en clase. Se olvidan del respiro que para muchas compañeras y compañeros les implica poder compartir nuestra Casa de Estudios.


Siguiente sección: Por un egreso real